La Semana Santa es una época de tradiciones, de desplazamientos, de descansar, de volver, de disfrutar de unos días libres.

Pero a parte de las tradiciones gastronómicas y religiosas, tenemos también las tradiciones de regresar, de volver a nuestros orígenes.

La mayoría de las personas tienen la tradición de aprovechar éstos días para ir al “pueblo“, y aunque no lo sepáis aún, todos tenemos un pueblo.

El pueblo es ese lugar, al qué habéis ido mil y una veces, en donde guardas momentos buenos en sus calles, junto a sus gentes, sus olores, colores, etc. Recuerdos que vienen de la niñez o de una etapa pasada de nuestra vida y que nos hacen sentir como en casa.

Los que no tenemos el “típico pueblo” donde hemos nacido, o de donde son nuestros padres o abuelos, también tenemos la tradición de ir a ese sitio especial, lugar de veraneo o simplemente regresar a casa.

Y no vamos a desconectar, vamos a conectar. A disfrutar de los amigos, la familia, sus olores, sus calles, sus gentes. Conectarnos con la vida. Unos días libres de preocupaciones, de estrés, de horarios. Días en los que nos sentimos libres y podemos ser nosotros.

Dicen que Sevilla huele a naranjo y Azahar. ¿A que si pensáis en vuestro lugar especial os viene a la mente su olor?

El mío huele a mar, a luz, a vida. Sus calles llenas de gente te recuerdan lo importante, lo que vamos olvidando por culpa del día a día. Nos pasamos la vida desconectados, ciegos en nuestras rutinas y cada cierto tiempo tenemos que volver, a conectar, a ser nosotros.

Estos pequeños periodos de tiempo en nuestro lugar especial son tan importantes por lo que nos une a ellos, por lo allí vivido y porque siempre sabemos que habrá una próxima vez. Y muchas veces nos reconfortan más que un gran viaje a un sitio soñado, porque nos transportan a los recuerdos, a lo que fuimos, a lo que somos.

Y hoy al regresar de nuevo a Madrid, tras las mini-vacaciones de Semana Santa, te duele la partida y sientes que una pequeña parte de ti queda ahí, pero te espera junto a los recuerdos hasta la siguiente escapada.

Es bueno cuando nos sobrepasa el día a día, trasladarnos con nuestra mente hasta allí y recordar esos momentos de paz, respirar y continuar.

Y como siempre, continuamos hablando de Recursos Humanos, de personas. No sólo somos trabajo de lunes a viernes, estas pequeñas cosas son parte de nosotros y de nuestra esencia, de lo que forman nuestro ser.

Quien me conoce sabe cual es mi lugar especial en el mundo… pero aunque yo no conozca el vuestro, se que lo tenéis, y que ahora mismo con una sonrisa nostálgica en la boca, os estaréis acordando de él, de sus olores, de sus gentes.

¡¡Disfrutarlo, soñar es gratis!!

Como siempre muchas gracias por leerme, por recomendar mis artículos y por los muchos comentarios de apoyo que me llegan de todos vosotros. 

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