Tras el éxito del anterior post “Como conservar a los mejores cuando no pueden ascender”, hoy toca hablar de todo lo contrario. Porque por mucho que a diario escuchemos hablar del “talento”, “de motivar”, “de cuidar a los trabajadores”, de tanta teoría moderna rollo “happy power”, también nos encontramos con lo contrario.

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Si os ponéis a pensar todos habéis tenido compañeros, o escucháis historias a vuestros amigos y familiares, de trabajadores que son todo lo contrario.

Cualquier empresa deseará tener entre sus filas a personas productivas, motivadas al logro, con objetivos, que se dejan la piel por la compañía, etc… pero no todos los trabadores son así. Y para encontrar este tipo de empleados, los seleccionadores han de ser auténticos cracks y tener gran olfato para no dejarles escapar, y una vez que los encuentran, cuidarlos y mantenerlos.

Pero siempre se nos cuela alguno que es todo lo contrario.

¿Cuáles son las características que mejor definen a este tipo de trabajadores?

  • Se dedican a hacer lo justo, a cubrir expediente.
  • No les pidas nada mas allá de sus funciones porque van a protestar.
  • Solo conocen la palabra compañerismo para aprovecharse de otros compañeros, y si tu les pides algo “siempre están hasta arriba”.
  • Les aterran los cambios, estos suelen venir acompañados de un periodo de adaptación a ellos y, claro, suponen un esfuerzo.
  • Son fieles comulgantes de la expresión “es que siempre se ha hecho así”.
  • Aprovechan la mínima ocasión para escaquearse y encasquetar trabajo a otros.
  • Cada vez que te acercas a su lugar de trabajo te les encontrarás navegando en Internet o con el móvil, son expertos en aprovechar el tiempo de trabajo para mantener tertulias telefónicas con toda su agenda de contactos.
  • Siempre buscan culpables, nunca soluciones y, por supuesto, ellos nunca se equivocan. Intentarán que se vean los errores de los demás para ocultar los suyos.
  • Están contentos con su puesto aunque se pasen el día quejándose, y como saben que no dan palo al agua, su objetivo es perpetuar esa situación por el mayor tiempo posible. Ni aspiran a ascender ni tienen la mas mínima intención por continuar formándose o progresar lo más mínimo, su reto en la vida es seguir así hasta la jubilación.
  • Su frase preferida es “hay que hacer…”, “entre todos…”, pero que no os confundan, lo que realmente quieren decir es: “TU lo vas a hacer”, pero de cara a la galería lo hemos hecho “NOSOTROS”.
  • Son fieles creyentes del “Trabajo para toda la vida”.
  • Dejan todo para el último momento, son incapaces de organizarse e ir adelantando trabajo, porque así les sirve de excusa para utilizar otras de sus frases favoritas: “puff, estoy hasta arriba”, “hoy es el último día para entregar o presentar tal cosa”.
  • A raíz de anterior característica, como acostumbran a perder el tiempo y dejar todo para el último momento, también utilizan de vez en cuando el “presentismo”; vamos, en lenguaje que todos entendemos, que les vean sus jefes fuera de su hora sentaditos en su sitio para que parezca que están muy ocupados y sobrecargados de trabajo, pero que no os confundan, solo es por aparentar.

El mayor peligro de tener trabajadores así, a parte de la pérdida económica que supone que de ocho horas trabajen dos y media, es que logran cabrear a los mejores y contagian su actitud a otros. Porque aunque sea feo y directo, este tipo de personas existen.

Uno de los mayores errores que puede cometer una empresa es tratar a todos los trabajadores por igual, no premiar la excelencia ni castigar la vagancia (porque aunque suene “poco ético” decirlo, estos comportamientos son vagancia pura y dura). Y esto, en la gran mayoría de los casos,  conduce al abandono de los mejores…

Es lo “bonito” de la rotación: los buenos se van y los malos se quedan…

Por todo ello, es muy importante realizar evaluaciones de desempeño y prestar mucha atención en el día a día. Hace poco, en una de mis asignaturas, estudiaba los cuatro tipos de trabajadores en base a rendimiento y potencial que nos podemos encontrar en una empresa:

  • Mantenedores: son trabajadores con alto rendimiento y bajo potencial para promocionar. Son personas que se esfuerzan en lo que hacen, aunque les cueste más que a otros con más potencial, y la mejor forma de que no decaigan es tener claro en que sobresalen y formarlos para que sus conocimientos no queden obsoletos. Hay que valorar su esfuerzo, son trabajadores muy válidos y en mi opinión preferibles antes que los siguientes que “pueden pero no quieren”.
  • Incompetentes: ni tienen potencial ni rinden como deberían. O sí tienen potencial, pero no les da la gana utilizarlo (estos son los “peores”). Se debe intentar reconducirlos para que por lo menos lleguen a ser mantenedores, pero si tras los intentos no se logra lo mejor es despedirlos, sin miramientos ni contemplaciones. Generan más costes de lo que producen y pueden “quemar” a las “estrellas”. Suena feo y es muy directo, pero es lo que hay…
  • Incógnitas: se caracterizan por tener un alto potencial pero su rendimiento aun está por ver, sabemos que pueden pero aun no sabemos si quieren. La empresa tiene que intentar sacar su máximo potencial. Se pueden terminar convirtiendo en en incompetentes o en estrellas, nuestro siguiente tipo de trabajador.
  • Estrellas: cuentan con alto rendimiento y alto potencial. Para mí, ellos son a los que se les puede aplicar la famosa frase: “retener el talento”, y no me gusta ni utilizar las palabras “retener” ni “talento”. Prefiero la frase “Conservar a los mejores”. Con estos trabajadores hay que incrementar y desarrollar todo su potencial a través de formación, reconocimiento hacia su trabajo, planificación de carreras, retribuirles como se merecen, etc. Vamos, que cualquier empresa sueña con tener el mayor número de trabajadores de este tipo, pero no siempre se sabe o se lucha por conservarlos.

Tanto en el trabajo como en la vida como en los estudios, siempre defiendo la teoría de “Dame una persona que se esfuerza aunque le cueste, antes que una persona que es capaz pero no le da la gana”. Y en ello está la clave, en el “esfuerzo”: “en querer hacer algo y luchar por ello”.

Este post aunque directo, es la vida misma, y estoy convencida de que a todos se os están viniendo a la mente situaciones de este tipo, y creo que no tiene nada malo llamar a las cosas por su nombre. Y como siempre mi inspiración viene de la experiencia, de mis propias vivencias. Eso sí, no revelaré mis fuentes, una ha de tener sus secretos.

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Y el consejo de la historia, rodearos de trabajadores estrella, aprended de ellos e intentad huir de los “puedo pero no quiero” en el trabajo. Y aunque a veces parezca que quien tiene que valorar su trabajo no se da cuenta de sus comportamientos, tarde o temprano siempre acaba saliendo a la luz.

Pero bueno, que hoy ya me he extendido mucho y tengo que guardar un poco para la próxima.

Como siempre muchas gracias por leerme, por recomendar mis artículos y por los muchos comentarios de apoyo que me llegan de todos vosotros. 

Cualquier cosa que consideréis que os puedo ayudar-asesorar no dudéis en contactarme, tanto vía LinkedIn cómo en “El blog de Rocío” . 

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